jueves, 24 de febrero de 2011

Una nota desesperanzada


"Dolor insoportable, cada día peor. Noche fatal.
He llamado varias veces, me han puesto más calmante, me han puesto morfina.
Hoy no podré comer ya. Casi no puedo tragar. Si bebo agua, me escuece la boca.
Los enjuagues no me alivian. Estoy constantemente babeando. Apenas he dormido.
Estoy desesperado.
Me arde la boca y la garganta"

Escribí esta nota durante mi quinto ingreso hospitalario, el segundo de Urgencias, allá a mediados de diciembre del pasado año. Es una nota de contenido desesperado, escrita con pocas fuerzas y pulso, destinada a expresar por escrito a los médicos lo que oralmente me era imposible de comunicar.

Uno de los efectos secundarios más comunes de la aplicación de la quimioterapia es la mucositis, la inflamación de la mucosa que parte de la cavidad bucal y recorre todo el tracto digestivo. En mi caso dió lugar a un proceso de llagado de boca y garganta, impidiéndome la ingestión de líquidos y alimentos.

Apenas puedes abrir los labios, el alimento que ingieres es progresivamente menos sólido, comienzas a tomar purés y papillas, cada vez sientes más dolor al comer y al tragar, empiezo a tener problemas con los yogures, los sabores ácidos me hacen daño. Ya apenas como, siento dolor al beber agua cuando ésta pasa por la garganta. Acudo a Urgencias y quedo ingresado.
Me suministran suero enriquecido para alimentarme. Ya no puedo comer nada de lo que me traen.
Me visita la dietista y me provee de batidos multivitaminas para sustituir las comidas. Sólo puedo ingerirlos cuando estoy bajo los efectos de calmantes o de la morfina. La morfina, tremenda, provoca alucinaciones y pesadillas. Llego a despertarme convencido de que me han cambiado de habitación y que estoy en otro día. Otra noche acabo sumergido en una extravagante aventura afroamericana en la que la cabeza no para de generar pensamientos de un modo angustioso. Pero la morfina me anula el dolor y me permite dormir a tramos de dos horas. No sé que es peor, si el remedio o la enfermedad. De mi situación solo puedo salir cuando mi organismo vuelva a generar las defensas que la quimioterapia me ha arrebatado.
En total, son dos semanas hasta que puedo volver a intentar ingerir alimentos.

Una noche, en que el dolor era insoportable, no paré de llamar a la enfermera. Ella lo intentó todo para aliviarme. Cuando había agotado todos los recursos me dice que ya no tiene más alternativas pautadas para mí. Es entonces cuando le digo, de forma casi ininteligible por el mal estado de mi boca, que si ya no hay alternativas prefiero morir.

Esta es una de las muchas cosas que esta enfermedad me está enseñando. Nunca pensé que podría decir en voz alta que quiero morir. 
Nunca creí que la desesperación pudiera llevarme a ello. Nunca imaginé que me asomaría al precipicio. 
Nunca me pasó por la cabeza que algún día escribiría una entrada como ésta.



7 comentarios:

Viola Tricolor dijo...

Me ha alegrado ver el post de Kyoto después de este. Yo no se si los momentos felices son para soportar los malos o los malos son los que nos permiten disfrutar los felices. No se si me explico :).
Que duro lo que estas pasando, que cansado es tener que seguir a veces, pero yo creo que merece la pena. Para vivir los momentos felices que vendrán después.

Un beso muy fuerte.

J Luís dijo...

Hola, Viola. Tienes razón en lo que dices, lo bueno y lo malo se nutren entre sí. Escribo este post ahora, en frío, con la perspectiva de hablar con la mente y no con el corazón ( con el corazón es lo que cuenta la entrada). Un gran beso desde JPD

Dorothy dijo...

Esta entrada te deja sin saber qué decir. Yo lo vivo desde el otro lado, acompañando a alguien cercano que a veces también desea no volver a despertar. Y sus palabras me dejan como esta entrada, sin palabras. A él le suelo dar un abrazo. Así que para ti lo mismo: un abrazo.

J Luís dijo...

Gracias de todo corazón, Dorothy

Patyclau dijo...

Como siento lo que has sufrido, he leido tus entradas poteriores a esta, y me alegro muchísimo de leerte de otra manera.

Un abrazo fuerte

Jose Luís dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
J Luis dijo...

Muchísimas gracias, Paty, de verdad.