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domingo, 6 de febrero de 2011

Nuestro tesoro ( y 3)


ver Nuestro tesoro
ver Nuestro tesoro (2) 

Estás en el interior de una furgoneta climatizada, convenientemente hidratado gracias a las botellitas de agua fresca precintadas que te suministran constantemente tu guía y el chofer. Por la ventanilla, observas el exterior sofocante. Estás llegando a tu destino, llamese palacio o templo, y ya puedes verlos: decenas de niños, niñas y adolescentes se concentran en las inmediaciones de tu destino, esperándo a gente como tú. En cuanto detectan la presencia de tu vehículo corren hacia él y pegan sus caras en el cristal de la ventanilla, ya valorando el número, sexo, edad y procedencia de los ocupantes. Deslizas la puerta corredera para bajar y te ves inmediatamente rodeado de chavales cargados con kramas (típicos pañuelos camboyanos), imanes, falsificaciones de guías turísticas, manualidades y artesanías varias."What´s your name ?", "Where do you come from?", " Is she your wife? ", "Two, one dollar".Llevo puesta una camiseta con una hoja de arce estampada, adquirida en la isla Vancouver: "¿Are you canadian?". En cuanto abres la boca detectan inmediatamente tu procedencia y surgen las frases en castellano. Te quedas sorprendido de la diversidad de idiomas y  riqueza de vocabulario que manejan, del descaro con que emplean todo tipo de tácticas comerciales. Acabas con un niño/a asignado/a que te acompaña hasta la entrada del lugar de visita y te pide que le recuerdes a la salida, que el/ella se acordará de tí. Y es cierto, al salir ya lo tienes pegado a tí  hasta llegar a la furgoneta. Nunca olvidaré la niña que me tocó a la salida del Neak Pean y sus sucesivas ofertas: "two for one dollar", "three for one dollar", "five for one dollar", y la definitiva ante mi negativa insistente, "five for one dollar...including me", que me hizo reir al momento ante tamaño encanto y desparpajo para después, una vez en ruta, dejarme inquieto, reflexionando.

Recuerdo los consejos de las guías turísticas: "nunca les des dinero, fomentarás la mendicidad", " si das algo a un niño, dale lo mismo al resto del grupo", "piensa que si das algo a los pequeños, los más grandes pueden después quitarselo con violencia"... consejos sabios, justificados, pero muy difíciles de cumplir al pie de la letra cuando tienes ante tí esos ojos, esa miradas ante las que no puedes simular estar hecho de piedra, que te hacen sentir lo más despreciable sobre la faz de la Tierra.


Le pregunto a Samuel, nuestro guía, si estos niños no deberían estar en el colegio. Hemos visto otros días, a esas mismas horas de la mañana, las aulas de las escuelas de los templos budistas repletas de niños. Samuel nos dice que sí que estudian ( no nos dice cuando) y que estos niños suelen ser los hijos del personal que trabaja en el templo, o de sus vigilantes y policias, obteniendo de esta forma una ayuda extra para el hogar. Si existe una mafia que los explote, me es desconocido, pero no es en absoluto descartable. 

Ser niño en Camboya, como en tantos otros paises pobres, puede ser, es una auténtica putada.

Visité la Apsara Arts Association, en Phnom Penh, una asociación dedicada a promover y enseñar el arte y la cultura de Camboya a los camboyanos y al mundo entero. Es muy importante recordar que el genocidio perpetrado por los jémeres rojos acabó con la vida de varias generaciones de personas, entre ellas médicos, profesores, técnicos, artistas, etc, cualquiera que poseyera el saber en cualquier tipo de materia. 
En Apsara también se ocupan de huérfanos e hijos de familias pobres, proporcionándoles alojamiento, alimentos y enseñanza. Allí pude ver como estos jóvenes camboyanos aprendían a tocar instrumentos autóctonos y a bailar danzas tradicionales, algunas de ellas de alta carga simbólica y muy ligadas a la vida campesina.



En Siem Reap, estuve en Les Chantiers Êcoles, en una de sus escuelas-talleres, especializada en la enseñanza de técnicas de talla en madera y piedra a jóvenes sin escolarizar de 18 a 25 años, provinientes de ámbitos rurales y con aptitudes para el aprendizaje. Posteriormente, las tiendas de artesanía de calidad Artisans d´Angkor, asociadas a Les Chantier Êcoles, les contratan, ofreciéndoles integración social, profesional y económica. Los productos de Artisans son preciosos y sabes que han sido elaborados bajo un programa de desarrollo y formación destinado a la juventud más desfavorecida.

Por toda Camboya, paulatinamente, surgen iniciativas sociales y empresariales destinadas a evitar que la infancia y la juventud, su tesoro, nuestro tesoro, acabe cayendo en las redes marginales de la prostitucíón, la drogadicción y la delincuencia. Cuando viajas a un país como éste, puedes hacerlo como mochilero o dentro de un paquete organizado.  En mi caso, era un paquete de 13 días más dos días (opcionales) de extensión a las playas de Sihanoukville; de los pocos paquetes disponibles (cuesta encontrar a Camboya como destino exclusivo, sin combinarlo con Tailandia o Vietnam) elegímos éste porque era el que más cuidaba la vertiente social e incluía visitas a varias ONG´s. Afortunadamente, por las fechas y por haber pedido un guía de habla castellana, dispusimos todo el viaje de un guía y un vehículo privado (eramos sólo 4, más guía y chofer) lo que nos permitió examinar más de cerca la realidad del país.
En las guías turísticas, si son buenas, suelen constar los hoteles, comercios, tiendas, restaurantes, asociados a campañas de desarrollo de Camboya y los camboyanos promovidas por entidades no gubernamentales.
Nuestro pequeño granito de arena, como turistas, debería ser utilizar esa información para que nuestros bienvenidos dólares acaben encauzados en algo provechoso, sirvan de pequeñas semillas para que a nuestra marcha Camboya pueda seguir labrándose poco a poco un futuro ajeno a la miseria y la explotación humana en todas sus vertientes.  

martes, 16 de noviembre de 2010

Nuestro tesoro (2)

( continúa de "Nuestro tesoro")

Casualidades de la vida. 
Andaba yo estos últimos días buscando por la red esta película para volver a visionarla, de cara a recabar más información para este post, y me encuentro ayer con su emisión televisiva en la 2. 
"La pequeña Lola / Holy Lola " (2005, Bertrand Tavernier) documenta, de forma harto minuciosa, la odisea de una pareja francesa que no puede tener hijos para recibir un niño en adopción en Camboya.

Tras 2 años de complejas gestiones burocráticas, valoraciones psicológicas y pruebas de esterilidad realizadas en Francia, Pierre y Geráldine viajan a Phnom Penh para recibir a su hijo en adopción. En el hotel, entrarán en contacto con otros compatriotas en parecida situación a la suya; para algunos no es su primera adopción, otros se enfrentan solos a la situación. Entre todos ellos surgirá una compleja corriente de solidaridad, alterada ocasionalmente por envidias e inseguridades.

El primer contacto de la pareja con la realidad camboyana será desolador: recibirán un número de lista de espera y comenzarán un deambular por los orfelinatos del país para comprobar si hay niños "disponibles". En ese periplo sufrirán todo tipo de incidentes, desde cambios de asignación de última hora hasta contactos con las redes de tráfico de niños, todo envuelto en un ambiente de corrupción e indolencia generalizado, donde a los sobornos se les llama "donaciones", donde los adoptadores americanos, a base de intermediarios y talonario, pasan por delante de los padres adoptivos de otros paises legalmente aceptados por las agencias internacionales. Y en medio de todo ésto, Pierre y Géraldine, sometidos a dudas, miedos, tensiones, poniendo a prueba su amor y su supervivencia como pareja. Cuando al final aparezca Lola en sus vidas, sacarán fuerzas de donde sea y harán lo que haga falta con tal de traerla con ellos a Francia. 

Contaba Bertrand Tavernier, el veterano realizador galo, que eligió Camboya para hablar de las adopciones por la extrema complejidad de su proceso administrativo.El director visitó la mayoría de los futuros decorados (orfanatos, ministerios, pensiones, etc), entrevistó a directores de orfanatos, futuros padres adoptivos, periodistas, camboyanos que participan en el procedimiento oficial, responsables de ONGs locales e internacionales o dueños de hoteles especialmente dedicados a la clientela de la adopción. La película logró llevarse el premio del público de la edición de 2005 del Festival de San Sebastián, pero lo más importante es que, a raíz de su exhibición, el Gobierno francés creó unas oficinas de apoyo en los países en los que más se adopta para ayudar a sus compatriotas a llevar a buen puerto ese difícil objetivo.
 




Cuando Angelina Jolie rodó "Tomb Raider" en Camboya, en 2001, y adoptó a su primer hijo, Maddox, en 2002, probablemente no era del todo consciente de que acababa de poner el foco sobre Camboya en el mapa de la adopción internacional. Pronto se generó una demanda chic, mimética, con poder adquisitivo, que acabó dando pie posteriormente a lo que hoy se llama "turismo de orfanato".Se favorece la proliferación de elementos sin escrúpulos a los que el bienestar infantil les trae sin cuidado. Comienzan a aparecer orfanatos como negocio, cuya única misión es atraer un cierto número de visitantes al mes. En otros casos, los niños ni siquiera son huérfanos, sino que constituyen un "préstamo" de la escuela local a cambio de una determinada cantidad de dinero. En los más extremos,son la tapadera de la puerta de acceso al mercado negro de compra-venta de niños, ya sea con ventas a título individual a padres desesperados e inconscientes, o de "paquetes" a agencias de adopción occidentales.

Pobres niños camboyanos: o son adoptados, o son explotados, o simplemente tratarán de salir adelante entre la miseria general.
Siempre la misma dicotomía en paises tan carentes de lo más básico: proporcionarles esperanza, bienestar y futuro a algunos de sus niños lejos de su tierra natal, a costa de descapitalizar al país de algo tan importante y necesario para su futuro como la propia presencia de éstos.

(continuará)

martes, 14 de septiembre de 2010

Nuestro tesoro


La primera imagen que ven la tomé en el interior del ascensor de mi hotel en Phnom Penh; la segunda figura en el reverso de un mapa de la ciudad. "Por favor, respete a nuestros niños", reza el primer cartel. "El sexo con niños es un crimen", dice el segundo. En las avenidas principales cuelgan banderolas recordando que "Los niños son nuestro tesoro". Hoy, en 2010, la prostitución (en general) y la de menores (en particular) sigue siendo una de las más graves lacras que afronta un país con tanta población joven como Camboya.

El abogado, escritor, corresponsal de guerra y últimamente tertuliano y polemista televisivo, Javier Nart, recorrió durante el año 2000  el curso del río Mekong, partiendo de Tailandía, atravesando Laos y Camboya  y finalizando en su desembocadura en Vietnam. De ese periplo surgió "Viaje al Mekong" (Ed. Martinez Roca, 2001), un excelente libro que no puedo dejar de recomendarles si están interesados en el sudeste asiático, o, simplemente, en el mundo en que vivimos. Lo que escribió en él acerca de la prostitución en Camboya sigue desgraciadamente vigente casi diez años después. 
Prefiero esta vez no hablar yo y dejar paso a su voz para que nos explique la tragedia - una más de de ellas- de la infancia y juventud camboyana:


"En Camboya no hay prostitución, sino la explotación sexual más brutal e inhumana que pueda imaginarse.
Adolescentes, criaturas de ocho, nueve años que son compradas a sus propios padres por doscientos dólares (si son vírgenes) o alquiladas en garantía y pago de préstamos de solamente veinte.
Decenas de miles de niños, jóvenes prisioneras y prisioneros de inmundos burdeles, de karaokes y salas de masaje donde los "meebon" (propietarios de los prostíbulos) pagan sabrosas comisiones a la policía y los políticos locales para gestionar sin problemas su negocio."

"Muchos altos funcionarios y políticos están involucrados en el negocio de la explotación del turismo sexual y comercio con niños", denunció la ONG WorldVision, excelentes gentes que, literalmente, se juegan la vida por manifestar, publicar lo obvio.

El tráfico es múltiple: el interno captando carne fresca en el propio país; el externo tanto de importación como de exportación de muchachas vietnamitas (más blancas de piel y consideradas más dóciles sexualmente) y, por fín, explotación y envío de niños y niñas a Thailandia donde su estatus de ilegales más la ignorancia de la lengua siamesa facilita la tarea a la escoria humana que se enriquece con su sufrimiento.

En Camboya, el 20 % de la prostitución es ejercida por vietnamitas, género humano que, además de ser más barato y complaciente une el epifenómeno nacionalista. Por cuatro perras, el camboyano puede tirarse a una/un adolescente vietnamita y, de paso, afianzar su ego patrio humillando al odiado "youn" (los camboyanos desprecian a los vietnamitas)."

"El SIDA (AIDS) ha transformado el hábito sexual de las clases pudientes, de los comerciantes acomodados, de los políticos. Ahora buscan niños, niñas extremadamente jóvenes, con preferencia vírgenes, garantía de no haber sido infectados. A ello se suma la leyenda de que tirarse a un niño/niña reafirma la potencia sexual del adulto que "vampiriza" la de la criatura. Un dato resulta extremecedor: casi la mitad de los niños y adolescentes son llevados a la prostitución por sus propios padres. En una sociedad fundamentalmente de origen rural es escalofriante que la degradación, la pérdida de horizontes éticos sea tan profunda, tan extensa.

El genocidio pol-potiano también tiene aquí responsabilidades. la destrucción de la estructura familiar, el exterminio físico de padres y madres ( un 15 % de niños huérfanos por la guerra), la represión, la educación -es un decir- en régimen de comuna colectiva, la burla y eliminación de la autoridad de los mayores, considerados y acusados de corrompidos por los valores extranjeros, no propios del pueblo auténtico khmer, ha dado lugar a la actual generación, que no cree en el ayer horrendo, que no espera nada ni del hoy ni del mañana, si no es el placer que puede adquirirse, comprarse:
El dios dinero. 
Aún al precio de los propios hijos. "

"Las embajadas extranjeras también tienen su cuota de responsabilidad en la impunidad  de la explotación infantil. En todos los casos en que un extranjero es detenido por pederasta la primera preocupación de su embajada es que salga del país. En la práctica, su impunidad.Usan su capacidad de presión, al ser sus países donantes de la ayuda exterior vital para la economía camboyana, para obtener la libertad de sus nacionales. 
La praxis es sórdida: la policía detiene, a veces por soplo del propio progenitor, pasa el caso al juez y comienza el mercadeo por el que el padre (menos), el juez (más) y el "broker" o policía (la parte del león) negocian la libertad bajo fianza del pederasta a quien, deportivamente, le dan cuarenta y ocho horas de gracia para que desaparezca".

"Echemos una mirada a la tragedia del SIDA en este país.
Camboya fue territorio virgen de esta plaga hasta 1992. La guerra, el telón de sangre y terror pol-potiano aislaron de todo al pueblo mártir, también del SIDA.
En 1992, 16000 soldados de todos los continentes, de la más diversa procedencia, y 6000 policías y civiles de la administración de la ONU llegaron al páis. Y con sueldos en los escalones más bajos de 130 dólares diarios, más de lo que ganaba un Ministro camboyano en un mes. Veintidos mil hombres jóvenes, aburridos y poderosos generarían la oferta equivalente a la demanda de su apetito sexual.
Pero claro, la hipocresía criminal de los burócratas de la ONU prohibió que se hiciera el elemental análisis de HIV que protegería de la infección a la inocente población camboyana.
Hoy Camboya, en sólo 10 años (hablamos de 2001), ha alcanzado el índice de contaminación por SIDA más alto de toda Asia, mayor incluso que el tailandés o filipino, con un turismo sexual de rancio abolengo. El 40 % de las prostitutas lo padecen".

Yo añadiría, para acabar por hoy, lo que el propio Javier Nart comenta a raiz de una charla con una joven prostituta en Bangkok :

"En Tailandia (como en Camboya y Laos) la rama del budismo más preponderante es la escuela Theravada (Vía de los Mayores), que posee la inmensa ventaja para todo este repugnante trapicheo de santificar, de reconocer el poder constituido (desde el padre hasta el gobierno corrupto) como una emanación de la divinidad.

Para el budismo somos hoy la consecuencia de lo que fuimos ayer en vidas anteriores, y mañana seremos la cristalización de aquellas y éstas. Por consiguiente, un hombre poderoso no es un acccidente de la genética o de la sociedad, sino el resultado de pretéritas vidas en las que la virtud ha dado como consecuencia un disfrute presente de estatus y riquezas. Y asimismo, la pobreza, la enfermedad, la miseria, el sufrimiento es el peaje, el purgatorio hoy de los pecados y quebrantos morales del ayer y antesdeayer.

Si, además, se nace mujer, ser evidentemente inferior al hombre, el círculo se cierra y así las niñas adolescentes-prostitutas entienden que su sórdido presente es la prueba que deben pasar por el mal que hicieron anteriormente y se proyectará en un futuro mejor en su próxima reencarnación. Y así aceptan y aceptarán su calvario y cumplen o cumplirán con su deber de respeto y asistencia a sus propios padres que las venden y prostituyen. Si además reúnen algún dinero para darlo como limosna a los monjes de su localidad, la santidad está garantizada y su karma las reencarnará en una próxima vida esplendorosa y lógicamente masculina.

La religión-filosofía del budismo sirve para armonizar, incardinar, la más primitiva explotación en un monstruo que debemos denominar "paz social": la aceptación sin rechistar de un destino brutal".


(continuará

martes, 31 de agosto de 2010

Paquete de medidas

Miércoles, 13 de mayo de 2010, Siem Reap, Camboya.
Estoy recien levantado. Por la televisión, en el canal internacional de TVE, me entero del paquete de medidas anticrisis aprobado por el gobierno español el día anterior. Las más destacadas, el recorte del 5 % en el salario de los funcionarios y la congelación de las pensiones en el 2011. Desde aquí puedo ver la polvareda levantada .
Ese día voy a visitar el poblado flotante de Chong Kneas. 

Tras pagar el peaje de la nueva carretera a la policía coreana (sí, el desarrollo de Camboya tiene estas cosas) y transitar por resecas pistas rurales, la furgoneta nos deja en un embarcadero desde donde, a bordo de una barcaza motorizada y a traves de un canal infestado de jacintos de agua que obligan al conductor a parar periódicamente para limpiar las hélices, nos dirigimos a los aledaños de lo que queda por estas fechas del Tonlé Sap, el inmenso lago en que se convierte el centro de Camboya finalizada la época de lluvias.

Las gentes de Chong Kneas van con el lago y se mueven con él -en sus casas construidas con cañas, madera, neumáticos y bidones de gasolina- conforme éste aumenta o disminuye de tamaño. Ahora mismo es un cenagoso caldo marrón sobre el que flotan casas y canoas. Desde ellas nos saludan con la mano y una sonrisa (siempre, siempre una sonrisa en su cara) niños y mujeres. Los hombres, generalmente, parecen estar o muy ocupados pescando (algunos) o ausentes. Samuel, mi guía camboyano, me comenta que el peso del trabajo en Camboya y particularmente en el mundo rural (que es como decir en casi todo el territorio) recae sobre las mujeres. Ellos, ociosos, fuman, juegan a cartas, se dedican al "botellón" (Samuel dixit) o simplemente "están".

 



Se les ve felices, aparentemente, aunque es presuntuoso por mi parte juzgar sus vidas desde la seguridad de mi barca, mientras paso entre ellos como si recorriera un zoológico repleto de especies exóticas, sin saber nada de sus sentimientos, de sus miedos, de sus anhelos.

Hay niños nadando y chapoteando en ese caldo caliente y terroso. Samuel me dice que aquí viven como se ha vivido siempre, que las condiciones higiénicas y de salubridad son muy deficientes, que los jovenes sueñan con emigrar a la ciudad en busca de otra vida. 
Quizás, con suerte, encontrarán trabajo en una fábrica, elaborando la ropa que compraremos en las rebajas de Zara o Mango. O probablemente acabarán ejerciendo de prostituta/o en los bares y prostíbulos de Phnom Penh, Siem Reap o Sihanoukville frecuentados por occidentales "solitarios".
Pero sí, me dice que, a pesar de todo eso, son felices. Debo de creerle.

A 14000 kilómetros de aquí se oyen voces airadas, un nubarrón se cierne sobre el estado del bienestar amenazando con disolverlo: despidos, salarios menguados, pensionistas congelados, trabajadores que serán afortunados si consiguen conservar el trabajo hasta jubilarse a los 67 años...

En Chong Kneas, la esperanza media de vida es de 45 años.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Tuol Sleng: el Horror...


"Antes de la guerra, Camboya era un país independiente y neutral con una población de 7,7 millones de habitantes.


1970: golpe de estado contra el príncipe Sihanouk, extensión de la guerra de Vietnam, bombardeos americanos, guerra Civil. 600000 muertos.


17 de abril de 1975: victoria de los jemeres rojos.
Población desplazada, ciudadanos expulsados, escuelas cerradas, moneda abolida, religiones prohibidas, campos de trabajos forzados, vigilancia, hambre, terror, ejecuciones.
Un genocidio: 2 millones de muertos."


Aunque lo he intentado,  no he sido capaz de describir brevemente con mis palabras, y menos de una forma tan despojada como veraz, la realidad de lo ocurrido en Camboya durante los últimos 40 años. Es por  eso que he recurrido a la explicación que se da al comienzo de "S-21: la máquina roja de matar", la sobrecogedora película documental con la que el director camboyano Rhitty Panh confrontó a víctimas y verdugos, presos y carceleros, torturadores y torturados, de Tuol Sleng. 


Pasó desapercibido entre euforias deportivas, prohibiciones taurinas y la ya habitual en verano lista de hechos irrelevantes elevados a la categoría de noticia: la semana pasada , un tribunal internacional, que cuenta con el beneplácito de las autoridades camboyanas, condenaba a 35 años de prisión a Duch, el sanguinario responsable de la tortura y asesinato de más de 15000 seres humanos en Tuol Sleng, el centro de detención de los jemeres rojos en Phnom Penh. Dentro de 18 años, Duch quedará libre. 
La indignación se ha apoderado de un pueblo atormentado, donde no existe persona que no padezca hoy día, directa o indirectamente, las secuelas de uno de los genocidios más infames jamás concebidos.


Sin lugar a dudas, el momento más triste de mi viaje a Camboya fue la visita a Tuol Sleng, el S-21, antiguo instituto de secundaria, hoy Museo del Genocidio.
Un día limpio, cielos azules, brilla la hierba verde, una tranquilidad y un silencio que impregna todo el recinto, aun encontrándose inmerso en pleno centro de la capital. Se hace díficil imaginar cuanto dolor y sufrimiento albergan los muros de este lugar. Cuando has conseguido imaginarlo, te sientes culpable de estar ahí, de convivir con la memoria pasada del horror. 


Recorro la planta inferior del primer pabellón y sus habitaciones desnudas; en algunas de ellas, tan sólo un simple somier metálico y alguna fotografía dan constancia de su uso como potro de torturas. En el suelo, permanecen los restos parduzcos de la sangre de las víctimas.




El método de trabajo de los responsables de Tuol Sleng era extremadamente sencillo: eras detenido, torturado hasta confesar tu delito o delatar a otros, y después asesinado; acto seguido, se detenía a los delatados y a toda su familia, niños incluidos, y se les aplicaba el mismo tratamiento, en una macabra y sangrienta rueda infinita. Los detenidos no sabían por qué eran detenidos ni qué crimen confesar para acabar con su agonía.




En una sala del segundo pabellón,  un mural nos muestra el rostro joven de unos muchachos, casi críos. Le pregunto ingenuamente a Sapuan, mi guía, de qué tipo de delito se podía acusar a gente tan joven: "Estos no son las víctimas, son los torturadores", me responde.


  
En el exterior, un cartel nos recuerda el decálogo que regía el paso por Tuol Sleng de los detenidos:

1.Debe responderse a todas las preguntas. Contesta directamente a todas mis preguntas. Sin rodeos
2.No ocultes los hechos con excusas sobre ésto y a quello
3.No seas estúpido. Tú eres alguien que intentó enfrentarse a la revolución
4.Responda inmediatamente a mis preguntas, no tarde siquiera un segundo.
5.No me cuentes nada sobre la esencia de la revolución
6. Absolutamente prohibido gritar cuando recibas golpes o descargas eléctricas.
7. No hagas nada. Siéntate y espera órdenes. Si no hay órdenes, espera callado. Cuando se te ordene algo, házlo inmediatamente y sin discutir.
8.No intentes esconder tu rostro de traidor a la revolución con el pretexto de la Kampuchea Krom.
9. Por cualquiera de estas normas que no sea seguida en cualquier momento del día, recibirás  látigazos y descargas eléctricas.
10. Si desobedeces cualquier punto anterior te daré 10 latigazos o 5 descargas eléctricas. 

 

















En el siguiente pabellón, las puertas entre salas están arrancadas para facilitar la vigilancia de los prisioneros. En la segunda  planta, unos muros de ladrillo compartimentan las sala en celdas individuales de 0,8 x 2 metros, destinadas a mantener a algunos de ellos aislados. La tercera planta, así como un pabellón anexo, estaba reservada a los prisioneros comunes. Allí debían permanecer, tumbados e inmovilizados con grilletes, a la espera de sus interrogatorios..




En otra sala , colgadas de las paredes , varias pinturas nos muestran las increibles brutalidades cometidas en la prisión y en los campos de trabajo: pertenecen a Vann Nath, uno de los 7 supervivientes que las tropas vietnamitas encontraron en Tuol Sleng cuando llegaron a Phnom Penh. El resto de prisioneros fue degollado por los jémeres rojos, antes de abandonar las instalaciones.  Vann Nath es uno de los protagonistas de la película  "S-21...".  y en ella nos contaba cómo el hecho de que su pintura fuera del agrado de los líderes jemeres le permitió sobrevivir. A Nath  le atormenta que otros pintores que estuvieran antes que él, y posiblemente con más talento, no corrieran su misma suerte. Sus pinturas son escalofriantes:  un impresionante catálogo de toda la imaginación y crueldad que puede utilizar un ser humano para torturar o asesinar a otro. Personalmente, algunas de esas imágenes me acompañarán siempre, no se borrarán nunca de mi cabeza.

En una de las últimas salas, un mapa de Camboya, realizado con cráneos humanos reales. Los ríos y lagos están pintados de rojo, simbolizando toda la sangre derramada. Esa es la síntesis de la historia reciente de Camboya, la de un país víctima de su entorno convulso, de la guerra de Vietnam, de sus dirigentes corruptos (los de antes y los de ahora) , de los Estados Unidos y sus bombardeos masivos, de la locura salvaje de los jémeres rojos, pero también de las fuerzas de la ONU que en los 90 trajeron el SIDA y convirtieron el país en un enorme prostíbulo, y de las mafias locales e internacionales que trafican con niños y mujeres para abastecer a las redes ilegales de adopción y de prostitución.


En las entradas a los pabellones de Tuol Sleng existen carteles prohibiendo la risa.
Parece ser que a alguno de sus visitantes le resultan muy graciosas algunas de las cosas que descubren allá. 
Cuanto malnacido hay en este mundo.

miércoles, 14 de julio de 2010

Travelling camboyano




Lugar: carretera de Sihanoukville a Phnom Penh ( Camboya). 
Música: "Erupting light", de Hildur Gudnadóttir, extraida del album "Without sinking" ( Touch, 2009)

martes, 22 de junio de 2010

Mi Angkor Wat


Este que ven arriba es mi Angkor Wat.
En Internet encontrarán imágenes mejores que ésta, instantáneas preciosas de él al amanecer, sin toldos verdes tapándole las reformas, con los estanques rebosantes de agua, reflejándolo en perfecta simetría, o repletos de nenúfares en flor. Pero ninguna de ellas me sirve para contar mi experiencia, en ellas aparece el templo de otros. Éste es el que sentí yo.

Empecé a escribir sobre Angkor Wat teniendo en la cabeza un batiburrillo de referencias previas, datos técnicos e históricos y vivencias propias que me impedían concretar un texto. Al final, despues de mucho, cortar, pegar y borrar,  lo mandé todo al carajo y decidí que era mejor dejar los datos técnicos para otros que los explican mucho mejor que yo, convertir las referencias previas -en este caso cinematográficas- en preámbulo (vease "Preludio a Angkor Wat") y centrarme en mi experiencia.

Los templos angkorianos y preangkoprianos son el principal gancho turístico de Camboya. Hablo de turismo convencional (del sexual posiblemente les hablaré en otro post). Habré visitado más de una docena en mis 15 días de estancia en el país, cada uno de ellos con alguna característica que lo hace único a mis ojos. Pero Angkor Wat es otra cosa. Su grandeza se intuye ya bastante antes de adentrarte en él.

Mi primera visita desde Siem Reap (ciudad logística para la visita de templos) fue al complejo de Angkor Thom, del que ya les hablaré otro día. Para llegar ahí la carretera, en uno de sus tramos, discurre paralela al canal de 200 metros de anchura que circunda Angkor Wat. Desde el vehículo en marcha, ya podía contemplar en la lejanía, recortadas contra el sol de la mañana, sus cinco torres y la emoción se apoderaba de mí.

photo by Jurvetson (flickr)

Aquel mismo día por la tarde, temblaba con una excitación casi infantil mientras cruzaba la pasarela de piedra que atraviesa el canal y te lleva a la puerta de entrada del recinto exterior. Antes de atravesarla, Samu, nuestro guía, nos para bajo una palmera (el calor es insoportable) y empieza a explicarnos la historia del templo. Me siento como un niño al que llevan por primera vez a un parque de atracciones y tiene que hacer cola. No puedo evitar pensar, de un modo estúpido: "¿falta mucho para entrar, falta mucho para entrar? ".

Cuando acaba, Samu evita entrar por la puerta principal y nos lleva a una de las laterales, privándome de un momento mágico y triunfal que había imaginado. Tiene sus motivos: enseñarnos a Vishnú, con sus seis brazos y, oculta tras una ventana, a la única apsara -de las casi 2000 que decoran Angkor- que sonríe enseñando los dientes. Me imagino a un escultor travieso y gamberro, anticipandose 900 años al grafitti y dejando su tag cachondo, su feliz protesta para la eternidad.
Resulta curioso y da una idea aproximada de lo desprotegido que está el contenido del templo comprobar como muchas de estas apsaras tienen sus pechos brillantes y pulidos, debido al contínuo toqueteo a que son sometidos, mayormente por parte de los visitantes masculinos. Como pueden ver, la unidireccionalidad mental del especímen humano macho no conoce territorios ni respeta patrimonios.
Ya dentro del recinto, continúa la pasarela, convertida en una avenida de piedra hasta el templo. Todos nos paramos delante de los estanques que hay frente a él para inmortalizarnos en imagen. Todos queremos tener nuestra postal idéntica, la foto del catálogo de la agencia con nuestra cara estampada. Todos somos turistas (los turistas en esta época son básicamente asiáticos, con predominio de japoneses y coreanos, y los pocos occidentales que encuentro son de origen sajón). Los camboyanos no tienen cámara de fotos.

Una vez dentro del recinto templario, resulta imposible -aunque no se sea religioso- quedarse impávido ante el fervor mostrado por los creyentes que acuden a depositar toda su esperanza y devoción, a quemar incienso o a dejar donativos en moneda o billetes como ofrenda. No se si serán restos de la educación católica forzada de mi infancia o un íntimo convencimiento al que llego con la edad, o quizás sea la imponente presencia del entorno,  pero tengo la impresión que esta gente, igual que tanta gente devota, posee algo que yo no tengo y que secretamente envidio, una especie de entereza y serenidad que no creo que disponga nunca. Pronto rectifico y vuelvo al escepticismo habitual y pienso en cuanta parte de la desgracia que acarrean se debe a su sumisión, a su resignación. Que bien le va la bondad ignorante de muchos a tan pocos.

El primer nivel de Angkor Wat está enmarcado perimetramente por un pasillo columnado donde se encuentran los kilométricos (no exagero) y espectaculares bajorrelieves que describen escenas mitológicas e históricas del hinduísmo y del imperio jemer y que pueden contemplarse casi como una película siguiendo los corredores en sentido contrario a las agujas del reloj: batallas, desfiles, procesiones, y juicios finales, monos, elefantes, cocodrilos, soldados, desfilan en un recorrido -tan deslumbrante como agotador- concebido por una especie de Cecil B. De Mille jemer que no reparó en gastos ni en extras para armar este gigantesco peplum camboyano.


















Al segundo nivel se asciende por una escalinata que parte de la Galeria de los Mil Budas (ultimo trozo del video adjunto), llamada así por la gran cantidad de efigies del dios hindú que albergaba, aunque en la actualidad la mayoría han desaparecido debido al saqueo y al vandalismo. Paseo por la terraza del segundo nivel, entre escombros y restos de balaustradas, admirando las 5 torres que componen el tercer nivel y que simbolizan las montañas que rodean al mítico monte Meru (la torre más alta).



Llego hasta la empinadísima escalera de madera que da acceso al tercer nivel (esta escalera está instalada para facilitar el aceso a los visitantes. Originariamente, se ascendía por la estructura de piedra escalonada de la torre, concebida para recordar que no es fácil entrar en el reino de los cielos) . Me vuelvo a estremecer viendo como, entre jovenes monjes y turistas variopintos, gente tan mayor y ajada saca fuerzas de la flaqueza para vencer al calor y a sus propias limitaciones y subirlas. La peregrinación, la devoción con los lugares sagrados, las penitencias que comportan y las recompensas que prometen se me antojan como una especie de deporte religioso, un Mundial de la fe con medallas y podiums para el espiritu.  

Desde arriba se puede divisar el entorno selvático que rodea al templo. Mi recompensa sería que lloviera, pero me conformo con recuperar el resuello y perder la vista a mi alrededor. Cuando bajo, me siento en unos escalones de piedra. Cerca mío, algunos guías descansan de sus grupos y se cuentan sus batallas. Miro los escalones de las torres y pienso en esa lluvia torrencial cayendo como cascadas por ellos, agrisando y sacando lustre a la piedra y reverdeciendo los líquenes de sus grietas, dotando de una nueva vida más definida y reluciente a algo tan impresionante como Angkor.

Son ya las 5 de la tarde, y abandono el conjunto por la salida Este. Samu nos va a llevar al fascinante Ta Prohm, devorado por la selva, exprimido, poseido por las raices de los árboles.
Cuando dos días después, al quedarnos una tarde libre, nos pregunte si hay algún lugar que queramos volver a visitar, se encontrará con una respuesta unánime.
Yo siempre querré regresar a Angkor Wat.

viernes, 11 de junio de 2010

Preludio a Angkor Wat


"En los viejos tiempos, si alguien tenía un secreto que no quería compartir subía a una montaña, buscaba un árbol, le hacía un agujero y susurraba el secreto. Luego lo tapaba con barro y dejaba el secreto ahí para siempre"

El señor Chow, en "Deseando amar / In the mood for love" (Wong Kar-Wai, 2000)


(atención: este post contiene un spoiler de la película mencionada)

En 2000, el director cinematográfico hongkonés Wong Kar-Wai estrenaba " Deseando amar /In the mood for love”, una cumbre del cine romántico.
Aquella joya se cerraba con una escena que transcurría en el interior de Angkor Wat y que es, en mi opinión, uno de los finales cinematográficos más sublimes de lo que llevamos de siglo, envuelto en música imperecedera de Michael Galasso, tristemente fallecido el pasado año.

8 siglos contemplan a Angkor Wat y ahí permanece, incólume, testimonio de una eternidad que nosotros apenas podemos atisbar, bastión inexpugnable donde yacen vivas millones de plegarias olvidadas por el tiempo.

El cine le ha utilizado varias veces como escenario para sus historias.
La película más mencionada en cualquier parte es “Tomb Raider”, que hacía de él un uso coyuntural, folclórico y esteticista, y le convertía en un mero decorado por donde Angelina Jolie paseaba sus redondeces.
En cambio, poco o nada aparece escrito de “In the mood for love”, en cuyo clímax Angkor Wat tiene un papel determinante.

Les dejo con esa escena.
Si no han visto el filme, absténganse de visionarla, abandonen la lectura de esta entrada y corran donde sea a hacerse con él; si ya lo vieron, sabrán de qué les hablo y entenderán que el señor Chow no pudo elegir lugar más perdurable como testigo mudo donde enterrar el secreto susurrado de su amor eterno por la señora Chan.

jueves, 10 de junio de 2010

Texturas camboyanas

Guindillas

Jacintos de agua


Acera de Battambang


Camarones


Flores de loto


Cintas de caña


Restos de balaustradas en Angkor Wat


Arroz 


Rambutanes