jueves, 4 de septiembre de 2008

El fín del mundo



Lo prometido es deuda.
Viajé este pasado agosto a la isla de El Hierro, y allí me estaba esperando un faro.
Y no uno cualquiera: el faro de Orchilla está ubicado en el punto más meridional y occidental del territorio español.

Por la punta de Orchilla pasó el meridiano 0 del planeta, desde tiempos de Ptolomeo hasta finales del siglo XIX, cuando fue adoptado como referencia unificada el meridiano de Greenwich.
El Hierro estuvo considerada durante siglos el fín del mundo, el último territorio conocido por el hombre; a partir de sus costas se extendía un mar enorme, incierto, desconocido, peligroso, en el que se aventuró Cristobal Colón para acabar descubriendo las Américas.
Las luces y las hogueras encendidas en la isla fueron el último vestigio humano que Colón y sus acompañantes contemplaron al partir a la busqueda del Nuevo Mundo, y la luz de este faro era lo último que contemplaban los herreños que emigraban a América, huyendo del hambre y la miseria, a mediados del pasado siglo

Llegar al faro de Orchilla es como llegar al fín del mundo, esa sensación desprende su entorno despojado, yermo y calmo. Una carretera de tierra desciende ,entre campos de tabaiba y lava, desde la ermita de los Reyes; ya desde ahí puedes ver el hermoso faro, haciendo compañía a un volcán durmiente, irguiéndose solitario frente al inmenso oceano azul



Alejándote del faro, caminando sobre la negra lava, llegas a una cruz de madera; junto a ella, una blanca cruz de mármol nos señala donde yacen los restos de Carmelo Heredia, el primer farero de Orchilla, el que encendió su luz por primera vez en 1933.

Él quiso, una vez muerto, permanecer junto al faro en el que pasó tantos años de su vida, donde un día vió aparecer la tripulación de un buque británico hundido por un submarino alemán, donde llegó a contemplar en una mañana mágica, reflejada en el horizonte, la mítica isla de San Borondón, la fantasma octava isla canaria que sólo unos pocos, muy pocos afortunados han conseguido llegar a contemplar.

Descanse en paz, don Carmelo, junto a su bello faro.


3 comentarios:

Ñoco Le Bolo dijo...

He recorrido tu blog de arriba a abajo. Me gusta la naturalidad con la que cuentas las cosas importantes.

Me atreveré a sonreir
y reciclo como "antes" cuando éramos ecológicos y devolvíamos los casco.
Y me gustan los faros, y las islas...

En fin, un placer viajar por tu blog.

J Luís dijo...

Bienvenido, Ñoco, a este blog.
Agradezco tus palabras.
Siempre que quieras estás invitado a participar

Viola Tricolor dijo...

Opino como ñoco, que post tan bonito y tan bien escrito. Qué bonita la historia del farero :)