domingo, 6 de marzo de 2011

Un paseo junto al mar


Pasear es la actividad más recomendada por mis médicos para los períodos en los que no estoy hospitalizado. Mi lugar preferido a tal fín es el camino que discurre, paralelo a las vías del tren a un lado y la playa al otro, entre Montgat y Premiá y que se prolonga hasta Vilassar de Mar. Se trata de una especie de acera de unos dos metros de ancha, que en algunos tramos, más allá de Premiá, se ensancha hasta convertirse en paseo. En fin de semana, sobre todo al mediodía, se llena con tanta gente que se hace hasta incómodo el tránsito, pero en días laborables apenas te cruzas algún que otro paseante, corredor o ciclista..


En Montgat, todavía existen casitas, baños y chiringuitos -pintados de azul y blanco, marineritos- que sobreviven a la Ley de Costas, tan dura y expeditiva con muchas construcciones humildes y tan lasa con los villorrios costeros y los puertos deportivos para los padres de la patria catalana y española. De ellas me encantan sus tejados y azoteas, con sus tendederos, depósitos de agua y antenas de televisión, me recuerdan a las de mi infancia en las calles empinadas de El Carmelo, a las de El Raval en el casco antiguo, esas que aparecen en clips de Nacho Umbert o en portadas de Facto, Delafé y Las Flores Azules. Antes de llegar a la estación de Montgat Nord existe una pequeña terraza de hormigón, rodeada de banquetas y resguardada del sol por un cañizo, que se convierte en lonja de pescado cada mediodía. Rapes, pulpos, lenguados, doradas y otros pescados palpitantes yacen sobre bandejas de mimbre, dispuestas para ser pujadas mayormente por hosteleros y vecinos del pueblo.
Me gusta pasear junto al mar, sentir la brisa y el sol en los días abiertos, notar esa calidez penetrando los poros de mi piel, oler el salitre, ver romper las olas, el cambio de tonalidades del agua, el perro suelto corriendo junto a la orilla; los ancianos bronceados, en las rocas, rindiendo pleitesía diaria al sol; la pareja sobre la arena, leyendo el periódico o un libro; el dolce far niente... me gusta esa imperfección perfecta de vida mediterránea.

5 comentarios:

Viola Tricolor dijo...

Hola J Luís, he visto la foto de los pescados antes de leerte y pensaba que era una foto de tus viajes por Asia. Pues que maravilla que todavia haya lugares como esa lonja.
Que nostalgia de mediterraneo me has dado.
Las nubes de la primera foto parecen de mentira de lo bonitas que son
Besos.

J Luís dijo...

Hola, Viola. No te creas, todavía tengo pendiente publicar algunas cosas de mercados asiáticos, entre ellas algún video de Tsukiji, la lonja de Tokyo ( a la que ya le dediqué un post). El poder disfrutar de estos paseos mediterráneos se me antoja como una preciosa compensación por los momentos malos sufridos.
Besos desde JPD, Viola.

Carol dijo...

Q fotos más bonitas te han quedado y qué envidia me has dado, al igual que Viola, siento nostalgia de mediterráneo, de playa, de arena... la foto del pescado es realmente bonita. Un abrazo enorme, gracias por acercarme un poquito el mar a Madrid. Ah, me encantó la canción-regalo, Arctic son geniales.

Dorothy dijo...

Preciosa fotio la de los pescados... A los que vivimos junto al mar incluso cuando creemos que no nos queda nada, nos queda el mar.

J Luís dijo...

Hola, Carol, felicidades. Me alegro de que te haya gustado lo nuevo de Arctic Monkeys y de haberte acercado un poquito la costa a Madrid.

Hola, Dorothy, tienes toda la razón del mundo. ¡Que gran verdad!, a mí me cuesta mucho imaginar una vida sin el mar cerca, que poco nos pide y cuanto nos da...