viernes, 20 de febrero de 2009

Chico malo

Sábado tarde, sofá y DVD: "Escondidos en Brujas" (In Bruges, 2008).
Domingo tarde, butaca: "L´home dels coixins " (The Pillowman, 2004), obra de teatro.

Así pasé parte del pasado fín de semana, presenciando algunos de los trabajos de Martin McDonagh, dramaturgo de éxito reconvertido en director cinematográfico.
Nacido en Londres y de padres irlandeses, McDonagh, con solo 38 años, tiene comiendo de su mano a la crítica de medio mundo, ha recibido innumerables premios y ya ostenta el honor de ser el autor no americano más representado en Estados Unidos.
Su estilo (negro, violento, sarcástico, provocador) y su forma de ser (arrogante, pendenciera) han hecho que sea considerado todo un " chico malo " de la escena.

Supe de McDonagh por primera vez hace ya 10 años, cuando se estrenó en Barcelona su primera obra , "La reina de la belleza de Leenane", una tragicomedia rural irlandesa, llevada al escenario por Mario Gas y con unas actuacciones inconmensurables de Montserrat Carulla y Vicky Peña, madre e hija en la obra y en la vida real.

"L´home dels coixins", es, hasta el momento, su última obra teatral. En ella, un escritor de cuentos infantiles es sospechoso del asesinato de unos niños y acaba siendo interrogado y torturado, junto con su hermano, por un par de curiosos policias. Tan negra como grotesca, esconde en su interior unos cuantos cuentos perversos que, a la postre, son los que la acaban dotando de una personalidad distintiva. De justicia es destacar la dirección de Xicu Masó y el gran trabajo interpretativo de la compañía La Mirada.

"Escondidos en Brujas" es su debut como director cinematográfico en formato largo (su primer trabajo, el cortometraje "Six shooter", recibió un Oscar en 2006) y está nominada en la categoría de guión original para los Oscars de este año.

Dos asesinos a sueldo se refugian en la ciudad de Brujas después de un "trabajo fallido" en Londres. La belleza de la ciudad y su riqueza cultural los tendrá entretenidos hasta que el amor y el pasado más reciente - y violento- sellen su destino.

En algún lugar entre Tarantino ( los diálogos) y Guy Ritchie (los personajes), el resultado es una película divertida y con una cierta mirada propia que hace que aguarde próximas propuestas del director con interés.

En estos momentos, McDonagh está en la cresta de la ola.
Esperemos que el éxito y los flashes (y el alcohol) no le hagan caer en el narcisismo y la autoindulgencia, y acaben arruinando su innegable talento.

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